martes, 27 de julio de 2010

La falta de sexo produce estrés

El 36 por ciento de los hombres y el 35 por ciento de las mujeres que mantienen relaciones íntimas se concentran en el campo laboral y en otras actividades para olvidar frustraciones y para ocupar sus vidas. Más de la mitad de los encuestados afirmó que mantienen relaciones solamente una vez a la semana.




La realidad se convierte en un círculo vicioso del cual es complejo librarse ya que no tener sexo provoca estrés, pero no se tiene sexo a raíz de la tensión diaria.



"A menor cantidad de sexo, más ocupaciones. Más se llenan las agendas con actividades que imposibilitan el encuentro. Hombres y mujeres agotan sus energías en otras actividades y cuando llegan a sus hogares lo único que quieren es acostarse, sí, pero a dormir", razona el sexólogo chileno Jaime Navarro Vargas, quien ha sido entrevistado especialmente ya que también ha hecho una reciente investigación privada acerca de la apatía sexual, que le ha llevado varios años de estudio y que ha arrojado cifras alarmantes en Chile.



"El síndrome del deseo sexual inhibido es un mal extendido en todo el mundo porque se relaciona directa y casi únicamente con el estilo de vida que se lleva que es inhumano y mortal".



"Dejando de lado los posibles problemas físicos que una persona pueda llegar a tener para no querer o no poder hacer el amor, es inimaginable y lamentable lo que está pasando con personas absolutamente sanas que se abstienen de tener sexo por tener que cumplir con obligaciones que exigen toda la concentración", continúa explicando.



De las ocho mil parejas chilenas, de edades que oscilan entre los 21 y 45 años que fueron indagadas, el cuarenta y ocho por ciento de las mujeres aseguraron que no mantienen relaciones sexuales ya que cuando llegan a sus hogares están cansadas, deben atender los quehaceres domésticos y lo único que pretenden es descansar.



Las cifras masculinas también resultaron muy llamativas, ya que el cuarenta y tres por ciento de los interrogados manifestaron que el deseo sexual solamente se mantiene alto en períodos de descanso como las vacaciones y que durante el año están tan ocupados con las obligaciones que no pueden ni quieren comprometerse afectivamente con nadie.



Esta falta de interés resulta dañina y peligrosa, pero explica una tendencia mundial y el primer paso para que esto no ocurra es aprender a liberar tensiones.



Cómo evitar algunas consecuencias de la falta de sexo

Es preferible tener encuentros eróticos que agendas repletas de compromisos que solamente producen agobio y falta de productividad laboral, para eso es recomendable:



• Trabajar la autoestima.Quererse es cuidarse y ocuparse de uno mismo. Encontrar tiempo para la relación y relajación.



• Huir de la monotonía sexual. Incluir juegos eróticos capaces de despertar los instintos más primitivos que estimulan el contacto y que predisponen a un segundo encuentro.



• El sexo, más que las citas y compromisos de trabajo es un buen liberador de energía. Cuanto menos intimidad se tenga, más frustración, más inseguridad y más sobrecarga de estrés.



• Se puede recurrir a una terapia sexual individual o de pareja para intentar hallar una solución y así reactivar la pareja.



El Informador/ppmt2010

MIRA LAS SEMEJANZAS no las diferencias

Fuente: http://hospmolinasierra.espacioblog.com/categoria/psicologia-y-motivacion

MIRA LAS SEMEJANZAS no las diferencias


Autor: hospmolinasierra

25



ago


"Deja de fijarte en las diferencias que tienes con tu pareja, con tus vecinos, con tus familiares, con tus compañeros de trabajo o estudio y comienza un proceso de conciliación a través de la búsqueda de semejanzas"




La mayoría de las veces nos dejamos llevar por la primera impresión y rechazamos a una persona por el sólo hecho de tener un color de piel diferente al nuestro, porque se viste distinto o, simplemente, porque usa un corte de cabello poco común, sin darnos la oportunidad de conocerla y de ver un poco más allá de su apariencia externa.



Es sorprendente la afinidad que podemos tener con personas que, a primera vista, lucen totalmente diferentes a nosotros. Vale la pena que insistamos un poco en buscar y resaltar las semejanzas que podemos tener con aquellos quienes, en principio, nos parecen muy distintos, pero que, en realidad, pudieran ser afines a nosotros.



Somos personas únicas, nacidas en espacios familiares distintos, educadas de manera diferente, pero, más allá de todas estas aparentes diferencias personales, estamos hechos de la misma esencia divina, habitamos un mismo planeta, y buscamos experimentar paz, amor, reconocimiento, seguridad, bienestar y la satisfacción de nuestras necesidades en armonía con el universo.



Mientras más énfasis hacemos en resaltar las diferencias que tenemos con otras personas, más solos y distanciados nos quedaremos. ¡Vamos!, deja de fijarte en las diferencias que tienes con tu pareja, con tus vecinos, con tus familiares, con tus compañeros de trabajo o estudio y comienza un proceso de conciliación a través de la búsqueda de las semejanzas con los demás, para convertirte en un ser más tolerante y comprensivo. Aceptar a las personas como son nos permitirá sentirnos más a gusto con ellas y con nosotros mismos.



Muchos de quienes llegan a nuestra vida vienen para enseñarnos o para recordarnos lo que hemos olvidado, pero también pueden venir para que nosotros les enseñemos algo. Esa persona que tanto nos afecta con su comportamiento y actitud puede ser el maestro que necesitábamos para practicar el conocimiento que tenemos o para reflejarnos lo que escondemos y que sigue pendiente por afrontar y resolver. Cuando estamos atentos a reconocer las reacciones que tenemos, podemos conocer cuáles son nuestros verdaderos pensamientos y sentimientos.



MIRA A LOS DEMÁS CON LOS OJOS DEL CORAZÓN. Dejemos de criticar y juzgar a las personas, y decidamos encontrar el punto de semejanza o afinidad para sintonizarnos con su esencia. Cuando somos capaces de hacerlo, nuestra familia crece y ese sentimiento acorta la distancia que nos separaba inicialmente.



RESPETA LAS DIFERENCIAS. Aceptar a las personas como son es el principio de una buena relación. ¿Te gustaría vivir con una persona diciéndote, todo el tiempo, que tienes que cambiar y ser diferente? No podemos cambiar a otros, sólo podemos motivarlos con nuestro ejemplo para que se transformen a sí mismos.



RECONOCE LO POSITIVO. Aprende a reconocer las características positivas que tienen otros. Cuando alguien nos reconoce desde el corazón nos sentimos queridos, apreciados y motivados a seguir haciendo nuestro mejor esfuerzo. Fija tu atención en todo lo bueno y lo positivo que hacen los demás.

jueves, 15 de julio de 2010

Los demás condicionan nuestras emociones

Fuente http://www.eduardpunset.es/429/charlas-con/los-demas-condicionan-nuestras-emociones

Brian Parkinson, psicólogo social

Cuando pensamos en emociones, creemos que son sólo una cuestión personal. Pero las últimas investigaciones demuestran la enorme importancia de las relaciones sociales para las emociones. Basta pensar en lo que sucede en un campo de fútbol y en cómo el comportamiento de los demás contamina la forma en que expresamos nuestra emoción cuando se produce un gol.




Fecha de la entrevista: 2007-09-20

Lugar de la entrevista: U. de Oxford





■Perfil académico de Brian Parkinson en la web de la U. de Oxford.

■En el futuro habrá ordenadores tan complejos que se les tratará como a personas, entrevista a Brian Parkinson publicada por el diario ABC (link alternativo).



Brian Parkinson tiene un interés especial en descubrir la relación entre las emociones básicas del ser humano y lo que se llama la “inteligencia social”, la capacidad de relacionarnos con otras personas. De su mano, descubrimos cómo se contagian las emociones en un grupo o cómo validamos nuestros propios sentimientos en relación con los demás.









Clip de la entrevista entre Punset y Parkinson.







Eduard Punset:



Al hablar de las emociones, dices que hay que tener en cuenta que las interrelaciones con los demás, con los grupos, son muy importantes. ¿Qué quieres decir exactamente?



Brian Parkinson:



A menudo, imaginamos que las emociones sobrevienen de repente y que son el resultado de interpretaciones muy personales de lo que nos sucede. Pero si consideramos nuestras experiencias emocionales cotidianas, resulta evidente en primer lugar, que en su mayoría tienen que ver con otras personas. Por ejemplo, nos disgustamos cuando alguien dice algo que nos ofende. Pero nos olvidamos que estas evaluaciones e interpretaciones que hacemos mediante las emociones están condicionadas por lo que los demás sienten y piensan. Todas las expresiones faciales y conductas no verbales influyen también en nuestras propias emociones. Por tanto, si nos centramos exclusivamente en los aspectos individuales de las emociones, nos perderemos una parte enorme de información.



EP:



Y no sólo se trata de la imaginación. Pensemos por ejemplo en las personas que padecen depresión. ¿Qué sucede con estas personas? Sus emociones dependen realmente de cómo se comporten los demás hacia ellos, ¿verdad?



BP:



Creo que sí, por lo menos en algunos casos de depresión en los que me parece muy aplicable una teoría interpersonal de la depresión desarrollada por James Coyne, en los Estados Unidos. En líneas generales, Coyne dice que la expresión de la depresión tiene como objetivo que los demás te consuelen y te brinden algún tipo de apoyo. Pero si las expresiones que buscan el consuelo se prolongan demasiado y se vuelven demasiado intensas, entonces los demás sufren una especie de fatiga de compasión y no pueden seguir consolándote si eso no mejora nada la situación.



EP:



Se hartan.



BP:



El problema es cómo reacciona la persona deprimida ante este abandono aparente de las personas más cercanas. Muchas veces, lo que hace la persona deprimida es intensificar sus quejas como una especie de intento desesperado de restablecer el consuelo de los demás en lugar de reconocer que se ha quejado mucho últimamente. Y lo único que consigue es que los demás se aparten todavía más.



EP:



¿Hay alguna manera de revertirlo?



BP:



Puede ayudar que la persona deprimida se someta a terapia cognitiva en la que el terapeuta se centre en las interpretaciones de cómo responden los demás y en hacerle notar que las personas no la rechazan en realidad. Esto puede generar un cambio de actitud en su manera de responder a los demás que, a su vez, detiene la depresión. Pero el motivo por el que alguien deprimido cree que los demás le rechazan es porque los demás hasta cierto punto sí que le rechazan cuando está deprimido, cuando se queja demasiado.











(Imagen: Smartplanet)



¿Culturales o universales?



EP:



Ha habido un debate durante años en tu profesión sobre las emociones. Unos decían que las emociones son universales y que todo el mundo las expresa de la misma manera, mientras que otros afirmaban que existen dialectos emocionales.



BP:



Creo que los psicólogos se han preocupado demasiado sobre este tema. Hay una respuesta sencilla a la pregunta de si las emociones son universales o culturales: algunas partes de las emociones son universales, y algunas partes son culturales, pero ambas cosas están ligadas. La cultura ha surgido como consecuencia de una predisposición biológica y de la tendencia de relacionarse con los demás de una manera concreta. Y la biología, que funciona a través de la selección natural y de la evolución, recurre a aquello que ya existe en el entorno social.



EP:



¿Por ejemplo?



BP:



Se suele discutir si los niños experimentan cierto tipo de emociones gracias a la socialización o bien si están preprogramados biológicamente para sentir estas emociones. Se podría argumentar que, incluso si la influencia de la aportación de los padres es muy grande en este sentido, la manera en la que los padres responden a los niños también está determinada hasta cierto punto por su estructura biológica. La biología y la cultura están tan inextricablemente unidas, que no tiene demasiado sentido hablar de ellas por separado.



EP:



Hubo un estudio que demuestra cómo las expresiones de las emociones cambian según la cultura.



BP:



Fue un experimento famoso realizado por Wallace Friesen y presentado por Paul Ekman, a principios de la década de 1970. Este estudio ofrece una demostración de que los estudiantes japoneses tienen una manera diferente de expresar sus emociones que los estudiantes estadounidenses.











(Imagen: Smartplanet)



EP:



En el experimento, se les mostraba a los estudiantes una película desagradable, ¿verdad?



BP:



Exacto. Se les mostró una película con imágenes de operaciones médica que inspiraban asco y repugnancia a la gente. En la primera fase del experimento, tanto los estudiantes japoneses como los estadounidenses vieron estas películas individualmente mientras se grababan sus expresiones faciales. En esa fase, no hubo diferencias demasiado grandes entre ambas culturas y todos reaccionaron de un modo bastante parecido a las imágenes. Pero, en una fase posterior, se les volvió a mostrar la película mientras un experimentador entrevistaba a los estudiantes grabando nuevamente sus expresiones faciales. En ese entonces, las expresiones de los estudiantes japoneses y estadounidenses fueron muy distintas.



EP:



Debido a la presencia del entrevistador…



BP:



La interpretación habitual es que las emociones experimentadas en ambos grupos son idénticas, pero los estudiantes estadounidenses se sienten libres para exteriorizar sus sentimientos reales, mientras que los japoneses ocultan su verdadera sensación de repugnancia porque, debido a su cultura, se les ha enseñado a no mostrar emociones negativas delante de una autoridad ocultándolas con expresiones más positivas.



EP:



Exacto.



BP:



Sin embargo, hay otras interpretaciones posibles a lo que sucedió en este experimento. Alan Fridlund, que tiene una visión alternativa de cómo funciona la expresión facial, sostiene que lo que en realidad sucede es que el contexto social es diferente para estos dos grupos de participantes. Los estudiantes no sólo reaccionaron a la película sino también al entrevistador. Y puede que los japoneses, por motivos de cortesía, hayan prestado más atención al entrevistador que al contenido emocional de la película y por eso hayan mostrado interés y sonreído educadamente al entrevistador; mientras que los estudiantes estadounidenses no hayan tenido ningún problema con seguir concentrándose en la película y expresar sus emociones.



Diferentes palabras, mismas emociones



BP:



Es evidente que existen diferencias interculturales en el lenguaje de las emociones. Algunas culturas tienen palabras para expresar emociones que carecen de una traducción directa a otras lenguas. Por ejemplo, los japoneses dicen “amae” para nombrar una emoción que significa una especie de entrega infantil a alguien que nos cuida. Podemos entender cómo debe de ser ese sentimiento por más que no tengamos una palabra para expresarlo. El hecho de que un idioma preste suficiente atención a una emoción para codificarlo en la lengua debe significar que se trata de una emoción especialmente importante en esa cultura, lo que probablemente implique que reconocen esa emoción más a menudo que en otras culturas. Pero eso no implica que las personas de sociedades distintas no tengan las mismas experiencias individuales. Sólo se trata de su manera de responder a dichas experiencias.



EP:



La expresión de la tristeza es un ejemplo claro de lo que acabas de explicar, ¿verdad? En algunas culturas no tienden a ocultar esta emoción sino a transformarla en algo divertido.



BP:



En Tahití, se hizo un estudio antropológico muy importante que muestra que allí, la postura ante la tristeza es totalmente distinta. Esto tiene varias explicaciones. Puede ser que esa sociedad esté organizada de tal manera que no haya tantas ocasiones para la tristeza como en nuestra cultura, aunque no creo que eso lo explique totalmente. Otra posibilidad es que estas personas hayan aprendido otra forma de responder a las situaciones tristes, transformándolas en otro tipo de emoción, en otras maneras enfrentarse a lo que sucede.











El jardín de los conceptos exóticos.





EP:



En el mundo occidental, seguimos tendiendo a contraponer la emoción con la racionalidad. ¿Hemos avanzado algo en este debate?



BP:



Dentro de la psicología de las emociones, ha habido una especie de regreso a la idea de que las emociones pueden considerarse como reacciones razonables y funcionales, que cumplen un objetivo muy racional. Muchas emociones surgen cuando las representaciones convencionales sobre cómo abordar una situación se rompen, cuando hay dos personas con dos posturas que no encajan. Y ciertos problemas en nuestra sociedad no tienen una solución lógica y racional. Cuando tenemos dos perspectivas irreconciliables, este tipo de situación siempre generará algún tipo de reacción emocional. Creo que las emociones son justamente un intento de reajustar perspectivas que no acaban de encajar, para las cuales no existe una manera lógica de llegar a una síntesis. Esto sucede incluso con las emociones positivas como el orgullo. Esta emoción consiste en decir: “merezco que se me reconozca el mérito, así que debes ajustar tu actitud hacia mí para tener en cuenta que he conseguido este éxito concreto”. Es una manera de reajustar relaciones para reconocer un cambio de estatus y esto no es algo que tenga una base lógica absolutamente racional.



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Ferran salmurri: "La felicidad se puede aprender"


Psicólogo clínico de 57 años, Ferran Salmurri ejerce en el Hospital Clínic de Barcelona. Pionero en España en la investigación de estrategias para educar las emociones, es también autor de un novedoso programa para su aplicación en las escuelas.




¿Es posible una mejora “científica” de nuestros sentimientos, de nuestra calidad de vida afectiva? La lectura de Libertad emocional, el nuevo libro del psicólogo Ferran Salmurri, publicado por Paidós, sugiere que sí, que es posible progresar en el autocontrol de nuestras emociones mediante métodos rigurosos y probados en el campo clínico. El objetivo no puede ser más ambicioso: ser felices.



–¿Somos esclavos de nuestras pasiones?

–Cuando hablo de adquirir la “libertad emocional” es porque a lo largo de la historia de la humanidad hemos sido dominados por los celos, la envidia, el odio y, sobre todo, por el miedo. Podemos aprender a sentirnos mejor, y en la medida en que lo consigamos seremos menos dependientes de emociones que nos superan.





–¿Qué significa exactamente sentirnos mejor?

–La felicidad es sentirse bien.



–¿Qué nos lo impide?

–Una excesiva cólera, rabia, ansiedad o tristeza. Es decir, somos excesivos en nuestra expresión emocional. Y sería suficiente para mejorar, para ser más felices, que educáramos nuestras emociones manifestándolas de una forma proporcionada. No es necesario sentir con la intensidad con que lo hacemos. No me refiero a caer en la insensibilidad o a que dejemos de llorar, que es bueno y necesario en muchas ocasiones. La emoción es natural pero siempre y cuando no llegue a dominarnos. Un caso de sentimiento desproporcionado es el de los padres que sufren cuando sus hijos salen de casa. Se preguntan: “¿y si les pasa algo malo? ¿Y si tienen un accidente?”. La probabilidad de que eso ocurra es de una entre un millón, así que están sufriendo innecesariamente. Al magnificar el riesgo anticipan sucesos que posiblemente no van a ocurrir, lo cual les provoca un dolor evitable.



–¿Quiere decir que somos una especie de masoquistas emocionales? ¿Desde siempre?

–Aunque hay una cierta transmisión genética de nuestras cogniciones –la forma en que percibimos la realidad– y una biología que genera la adrenalina, las endorfinas, etcétera, la influencia más importante sobre nuestra forma de pensar es la del aprendizaje que hemos recibido. Muchísimas ideas se transmiten de generación en generación sin ser cuestionadas. De todas ellas, la más persistente es la de que nuestra personalidad no puede cambiar, que “somos como somos”. Pero hay estudios que demuestran que el cerebro cambia cada día en función de lo que hacemos. Y los tratamientos psicológicos modifican el cerebro. La biología no determina el comportamiento; es al revés, el comportamiento puede modificar la biología. Tuve un paciente aquí sentado, de 40 años, que afirmaba convencido: “soy tímido”. Yo le pregunté que cómo lo sabía, y me contestó: “me lo dijo mi padre cuando era pequeño”. ¡Así que su padre le “diagnosticó” timidez y él se ha pasado cuarenta años corroborándolo! No es así, tenemos una capacidad de cambio muy amplia.



–¿Lo que usted propone es una especie de psicología aplicada?

–Exactamente. En mi caso, este interés arranca al darme cuenta de que cuando aplicábamos un tratamiento psicológico en la clínica a pacientes adultos, jóvenes o niños, pensaba: si los pacientes hubieran conocido antes estas estrategias, quizá no hubieran llegado a enfermar. ¿Es necesario llegar a sufrir una depresión para tomarnos la vida con menos catastrofismo? En consecuencia, me planteé extender el conocimiento de estas estrategias psicológicas probadas clínicamente a una población más amplia de la que está en tratamiento. Para ello realicé un experimento de educación emocional en una escuela pública de Barcelona. Trabajé con los profesores, que padecen un considerable estrés laboral y baja autoestima, en la adquisición de habilidades emocionales para que luego ellos las transmitieran a los alumnos.



–¿O sea que usted propone una psicología preventiva de la misma forma que existe una medicina preventiva?

–Falta una prevención de la salud psicológica, que en cambio sí observamos mucho más a rajatabla con nuestra salud física. Consiste en aplicar una serie de estrategias fáciles de aprender, ya desde la infancia.



–Apúntenos cuáles son.

–Se resumirían en tres: las técnicas cognitivas, las conductuales y las de control de sentimientos. Las primeras son las que influyen sobre la forma en que pensamos, y ahí hablaríamos de aprender a pensar en positivo, “detener” pensamientos negativos e identificar creencias irracionales para sustituirlas por otras más racionales. Las técnicas conductuales pretenden modificar nuestro comportamiento, y algunas de ellas han comenzado a desarrollarse, aunque sólo en el ámbito laboral, como la administración del tiempo, la priorización de objetivos, o las habilidades de interacción con los demás. Por último se trata de controlar la expresión desmesurada de los sentimientos aplicando técnicas de relajación, la principal de las cuales es la de la respiración profunda.



–¿Por dónde empezamos?

–La autoobservación es la habilidad básica en cualquier programa de autoayuda serio, aunque no suele considerarse. Muchas veces creemos conocer nuestros sentimientos pero no es así, porque no hemos aprendido a hacerlo. La alexitimia, o incapacidad de algunas personas para reconocer y/o expresar sus propios sentimientos y emociones, se suele relacionar con numerosos trastornos mentales y es reconocida por los especialistas como un factor dificultador en los tratamientos psicoterapéuticos.



–¿Y dónde debe quedar nuestro egoísmo?

–Se habla del egoísmo de forma peyorativa, pero es un impulso fundamental para la supervivencia de la especie, de la misma forma que la agresividad también lo es. Antes se controlaba el egoísmo de los niños con jarabe de palo, lo cual obviamente no era la terapia adecuada. Aún no se ha encontrado el método más adecuado y por eso vemos cómo se están dando, entre los niños, más casos de intolerancia a que no se cumpla lo que desean. El freno a nuestro egoísmo comienza cuando consideramos los sentimientos de los demás.



–¿También ha trabajado usted en la salud psicológica de los niños?

–En 1996 yo era coordinador del Centro de salud mental infanto-juvenil del Eixample de Barcelona y, como psicólogo del barrio, me pareció interesante pensar en cómo hacer prevención en salud mental, quería poner a prueba las teorías preventivas que estaba desarrollando. Me puse en contacto con una escuela pública de Barcelona para ver si podíamos poner en marcha un experimento científico de educación emocional que me ayudara a comprobar empíricamente su eficacia. Me dirigí a los profesores porque tienen un cierto índice de estrés laboral y consideré que podían ser los primeros interesados en mejorar sus estrategias y, una vez hubieran mejorado las suyas, como profesores sabrían enseñarlo a sus alumnos. Por tanto, estuve un año aplicando mi programa con los profesores, no con los alumnos. Consistía en autocontrol, habilidades cognitivas y conductuales. Realicé el experimento con los profesores en el curso 97-98 y, desde entonces, ellos lo están enseñando en la escuela.



José Ángel Martos

sábado, 19 de junio de 2010

Test de Edad Biológica-La Verdadera Edad

Fuente: http://psicologia.laguia2000.com/general/test-de-edad-biologica-la-verdadera-edad

La edad cronológica no coincide con la edad biológica que realmente tenemos, porque no todos envejecen igual.




Nuestros hábitos, costumbres, gustos, tendencias, pensamientos, ideas y formas de ver el mundo pueden limitar o extender nuestro paso por este planeta. ¿Podemos hacer algo al respecto o tenemos que conformarnos a vivir menos con tal de darnos todos los gustos?



Adoptar un modo de vida sano y natural no tiene que ser un sacrificio ni algo no placentero, por el contrario, sentirse bien hace que nuestro estado de ánimo mejore y también nuestra forma de relacionarnos.



Cuidar nuestra alimentación, mantenernos activos y sanos no sólo permite retroceder en el tiempo y aumentar nuestra perspectiva de vida sino que además nos mantendrá alejados de los médicos y de las enfermedades.



A efectos de cuantificar la edad biológica que tiene Ud. en este momento según su estilo de vida y sus hábitos he asignado solamente un año para aumentarle o disminuirle a su edad cronológica, para todas las opciones. Un año solamente no refleja las estadísticas reales, que en general superan esta medición.



Para evaluar su edad biológica posible, en base a las conductas habituales que pueden influir en su perspectiva de vida, quítele o agréguele años a su edad cronológica según lo que indiquen las opciones que aparecen más adelante.



Este cuestionario sólo tiene la intención de registrar su tendencia hacia la probabilidad de vivir una vida más breve o más extensa según sus hábitos y le permitirá tomar conciencia de sus problemas y tener la oportunidad de revertirlos.



(+1 año) Tengo más de cinco kilos de sobrepeso

(- 1 año) Tengo el peso normal para mi estructura y edad



(+1 año) Reacciono violentamente

(-1 año) Pienso antes de hablar



(+1 año) Sufro de stress crónico

(-1 año) Controlo el stress



(+1 año) Soy pesimista

(-1 año) Soy optimista



(+1 año) Hago dos cosas al mismo tiempo

(-1 año) Hago una cosa por vez



(+1 año) Me excedo con los dulces

(-1 año) Soy moderado/a



(+1 año) Habitualmente le agrego sal a mis comidas

(-1 año) Soy moderado/a



(+1 año) No realizo actividad física con regularidad

(-1 año) Practico deporte regularmente o camino 30 minutos



(+1 año) Como habitualmente fiambres, enlatados, comida

chatarra.

(-1 año) Como habitualmente comida casera



(+1 año) Vivo solo/a

(-1 año) Vivo acompañado/a



(+1 año) No tengo pareja

(-1 año) Tengo pareja



(+1 año) Fumo

(-1 año) No fumo



(+1 año) Tomo alcohol habitualmente

(-1 año) Tomo escasa bebida alcohólica



(+1 año) No tengo amigos/as

(-l año) Tengo amigos/as



(+1 año) No cuento mis problemas

(-1 año) Comparto mis preocupaciones



(+1 año) Prefiero no llegar a vieja/o

(-1 año) Me gustaría vivir más de 90 años



Su edad biológica podría ser hasta 16 años menor a su edad cronológica y prácticamente sólo depende de sus hábitos y de su personalidad.



Amores Tóxicos

Algunas personas tienen gente que las rodean y que hasta llegan a querer mucho, que les pueden complicar la vida, ya sea como pareja, en casa, en la oficina, en su grupo de amigos, y en cualquier lugar donde se relacionan.




Esto suele sucederles a las personas débiles de carácter e inseguras, que no se animan a comprometerse con lo que quieren, que ceden ante la crítica y tienen poca tolerancia a la frustración.



Todos conocemos a manipuladores que están empeñados en que se haga lo que ellos quieren, a psicópatas intratables que los pueden sacar de las casillas, a gente autoritaria que se lo pasa dando órdenes, a envidiosos a quienes les molesta enterarse de los logros de los demás y a chismosos que no les pierden pisada y que se complace en enterarse y diseminar las desdichas ajenas.



Experiencias de este tipo, con esta clase de gente son inevitables y muchas veces algunas de estas características incluso las pueden tener los novios o los maridos.



Es cierto que si se hace una minuciosa selección de las relaciones que nos circundan, es probable que nos quedemos solos, ya que tarde o temprano comienzan a aparecer alguno de estos rasgos u otros más o menos negativos en casi todas las personas, incluso en nosotros mismos, de manera que lo mejor es enfrentarlos y aprender a lidiar con ellos.



Algunas personas son muy negativas y parecen reducir nuestras energías y nos pueden deprimir con su sola presencia.

En esos casos, es importante evitar que esa persona logre tener poder sobre nosotros no prestando atención a sus intenciones de modificar nuestros planes, porque no podemos atribuir nuestros fracasos a esas influencias, ya que en última instancia tenemos los recursos para liberarnos de cualquier atadura y bloqueo y el poder de atrevernos a ser nosotros mismos.



Lo mejor sería alejarse elegantemente de la mala onda, sin ofender susceptibilidades y sin dañar, simplemente ejerciendo el derecho de ser libres para apartar a quienes nos molestan, pero no siempre esta situación ideal está a nuestro alcance, teniendo en cuenta que pueden haberse creado vínculos importantes difíciles de romper.



Las motivaciones para relacionarse con alguien de estas características, afectivamente, son muchas, porque de alguna forma pueden estar satisfaciendo alguna necesidad básica importante. Por otro lado, se tiende a idealizar a la persona que se ama aunque no haga más que criticar, rebajar y despreciar todo lo que hace su pareja.



Este modo de relación no siempre se hace abiertamente sino en forma solapada empleando técnicas encubiertas, que indirectamente van minando lentamente las defensas de las víctimas que terminan convenciéndose de que no sirven para nada.



Es importante tener suficiente fortaleza como para hacer oídos sordos a los comentarios derrotistas de aquellos que no pueden soportar que los demás tengan éxito, mientras ellos se mantienen sumergidos en la mediocridad.



La independencia mental y la convicción firme son las mejores herramientas que existen para desmoralizar al detractor más entusiasta. Se puede negociar con él, pero nunca transar y renunciar a ser quien uno es.



Estos seres hacen sentir culpables a sus parejas cuando los perciben entusiasmadas con alguna iniciativa propia. La culpa es una fuerza negativa que es muy difícil de manejar, porque la gente tiende a sentirse culpable cuando es feliz, principalmente cuando ha sido condicionado desde niño a esperar de la vida nada más que sufrimiento.



Pero el cambio de manera de pensar es posible, porque la realidad es que cada uno hace lo mejor que puede en cada momento de su existencia y la vida es una oportunidad para lograr la meta de todas las metas, que es ser feliz, porque solamente el que es feliz puede hacer felices a los demás.



Tenemos necesidades básicas que satisfacer para no sentirnos culpables; necesidades físicas, emocionales, intelectuales, vocacionales y espirituales.



Cuando estas áreas no se pueden desarrollar sentimos culpa y estamos expuestos a la manipulación y a las demandas de los demás.



El otro es otro y también es libre de ser como quiere ser. Lo mejor será negociar con él y no permitirle intervenir en nuestra vida con su opinión ni tampoco con su apoyo, porque no lo necesitamos para ser lo que somos.



Lo que desarma definitivamente las intenciones de sabotear las iniciativas de los demás es la convicción firme.



Una pareja puede mantenerse unida mucho tiempo y aún ser feliz, porque nadie es perfecto, pero sólo cuando los dos no renuncian a continuar creciendo como personas independientes, prestando atención solamente a la propia voz interior.



La Felicidad se Aprende

En el Instituto Willi-Hellpach, de Heidelberg, Alemania, se dicta desde el año pasado, en el nivel secundario, una asignatura opcional denominada Felicidad.




El objetivo consiste en conseguir que los alumnos logren un mejor estado de bienestar físico y mental.



El mentor de este proyecto es el director de esa institución, Ernst Fritz-Shubert, profesor de economía política, economía de empresas y ética.



Esta experiencia docente piloto ha causado gran conmoción en los ámbitos académicos y ha recibido el apoyo del ministro de cultura del estado de Baden-Württenburg, ya que coincide con su idea de transmitir a la juventud confianza, autoestima, esperanza, alegría de vivir y orientación para el desarrollo de la personalidad.



Este intento trata de resolver posibles carencias familiares, ayudando a estimular la salud física y mental de los alumnos e intentando brindarles las bases necesarias para enfrentar la vida y lograr una vida feliz.



El objetivo se centra en fortalecer la personalidad en todos los aspectos y enfatizar la importancia de la actitud serena para tener una vida feliz.



El sociólogo Aaron Antonovsky, propone que se puede experimentar estrés positivo si alguien está convencido que su vida tiene sentido y que está en condiciones de controlar sus problemas. Al mismo tiempo afirma que la condición más importante para lograr estos objetivos es alcanzar un estado de ánimo estable.



Hay muchos que pueden pensar que la felicidad no se puede enseñar, sin embargo se ha probado empíricamente que un estado feliz es una característica común en personalidades estables, aunque ésta sea una condición que pueda sufrir alguna leve variación, fácil de revertir aún frente a adversidades severas.



Para Ernst Fritz-Schubert, practicar la atención permite ser más consciente de las percepciones.



El bienestar se logra por medio de distintos factores, tanto materiales como espirituales, como la satisfacción de las necesidades orgánicas, el sentimiento de pertenencia, el reconocimiento, y la realización personal con la sensación de poder cumplir nuestro destino.



Los ejercicios se centran en educar en forma positiva la emotividad, promover la imaginación mediante visualizaciones de buenos recuerdos y fomentando el pensamiento positivo.



Sonja Lyubomisky pudo comprobar que la evocación de recuerdos gratos, continúan proporcionando sensaciones de bienestar a través del tiempo.



Esta experiencia demostró una mejoría del sentido comunitario de los alumnos y del bienestar de las experiencias sensoriales, con respecto al grupo control.



Los que asistieron al curso demostraron estar más contentos con sus amigos y compañeros y también con sus familias y sus grupos sociales, además de sentirse más a gusto en la escuela.



Hubo menos alumnos con experiencias negativas con sus relaciones, y que fumaran y bebieran en exceso.



Los resultados de las encuestas realizadas por Wolfgang Knörzer, de la facultad de Heidelberg, con alumnos que cursaron la materia Felicidad, con respecto a la misma cantidad que no la cursó, demostraron que los primeros tenían mayor conciencia de sus logros y mejoraron sus recursos para superarlos.



Los participantes consiguieron mayor confianza en si mismos y mayor sentido comunitario.



Sin embargo los alumnos que participaron se mostraron renuentes a extender ese mejoramiento más allá del ámbito de esta asignatura, o sea que el vínculo logrado entre ellos no se llegó a trasladar a sus compañeros de otras materias.



Para poder enseñar esta asignatura, el docente debe tener conocimientos de terapia familiar, pedagogía teatral y del movimiento, alimentación y nutrición, y de prevención de las dependencias.



Para capacitar a los educadores se utilizó la colaboración de un terapeuta familiar, un entrenador de motivación, una psicóloga, un pedagogo en relajación, actores teatrales, una bailarina y un director deportivo de futbol.



Fuente: Revista “Investigación y Ciencia”, Mente y Cerebro, julio-agosto/09.