lunes, 15 de noviembre de 2010

Las 10 mejores técnicas de Richard Wiseman para tener “suerte” en la vida:


Fuente: http://blogneuromarketing.com/tag/piensa/

El más importante: para dar un impulso significativo a tu felicidad, fuerza en tu rostro una sonrisa, y mantén la expresión durante 20 segundos.
2. Combate los sentimientos negativos.
3. Paga por experiencias, no por objetos. Ve a conciertos, películas y restaurantes inusuales o raros: te darán la oportunidad de hacer cosas con otros, o de contárselo después a otros.
4. No vayas siempre de vacaciones al mismo sitio.
5. Para reducir el consumo de alcohol, usa vasos altos y estrechos; para reducir la ingesta de comida, usa platos pequeños, coloca un espejo en la cocina y mantén un “diario” ó “cuaderno de bitácora” de tus comidas.
6. Te será de ayuda para lograr tus objetivos, el contárselo a otros: amigos, familiares, compañeros.
7. Para que su relación se mantenga, recuerde equilibrar cada comentario negativo dando cinco positivos.
8. Toma un camino diferente de vez en cuando para ir y volver del trabajo.
9. Llevar un estilo de vida que favorezca que sucedan cosas positivas.
10. Mantente abiert@ ante las oportunidades que nos rodean
Un enfoque desde el punto de vista científico que da por tierra  mitos de lo que siempre hemos pensado, y que no funcionan para relacionarte hoy.
Podrás aplicarlo en negocios, relaciones personales, en tu empresa. Es muy bueno.
Ya les iré comentando algunas cosas del libro. Puedes leerlo si quieres y lo comentamos aquí intercambiando tus ideas.
Ya me cuentas.
Ignacio Fernández

lunes, 1 de noviembre de 2010

Los hombres juzgan la belleza más rápido que las mujeres

Nuestro rostro es nuestro sello personal y habla por nosotros. Con esta contundencia, la neuropsicóloga Nancy Etcoff, integrante de la Universidad de Harvard, sintetiza por qué dedicó diez años de su reconocida carrera científica a estudiar cómo percibimos los rostros.






Autora del libro "La supervivencia de los más lindos: la ciencia de la belleza", apenas se lo menciona, recuerda de inmediato los obstáculos académicos con que en Harvard recibieron su tema de investigación: la belleza, como síntesis de la simetría y la proporción. "Fue muy difícil que comprendieran la importancia del conocimiento científico de la belleza y de su influencia en la salud", explica.




Durante la entrevista, sus iris se mueven a toda velocidad buscando información y repasan cuidadosamente cada milímetro del rostro de esta cronista. Según reconocerá más adelante, ése es un método natural de supervivencia: el rostro refleja nuestros pensamientos y sentimientos.



-¿Por qué estudió los rostros durante tantos años?



-El rostro es una ventana fascinante al interior de la mente, el corazón, las emociones y tiene mucho que ver con la belleza. Es nuestra firma y éste es uno de los motivos por el cual la cirugía estética las personas intentan sobredimensionar lo que son. Nuestro rostro expresa lo que somos: emociones, estados de ánimo, identidad. Se puede mirar un rostro y responder muchas preguntas sin ni siquiera prestar atención a lo que una persona está diciendo. Es casi como leer su mente.



-Como en este momento...



-(Ríe y asiente con la cabeza, mientras se sonroja). Sí, claro. Se puede conocer si la persona se siente cómoda, si tiene una actitud amistosa o antagónica, si está enojada o cansada...



-¿Qué es lo que primero vemos en un rostro?



-Si alguien nos va a recompensar o nos va a lastimar. Luego, si nos parece lindo o no. Observamos el mundo con un pequeño radar que nos dice quién es seguro, quién es bueno y con quién queremos estar.



-Hombres y mujeres, ¿interpretan igual la belleza?



-Los hombres realizan juicios más rápidos, mientras que las mujeres tienden a observar durante más tiempo, profundizan más en la persona y necesitan pedir otra opinión para lograr una imagen más clara del otro. Los hombres se conforman con mucha menos información y con saber si la otra persona le gusta o no, lo que puede producir errores de percepción.



-¿Esta podría ser la explicación del sexto sentido femenino?



-Podría serlo, claro. Es esa primera impresión que convence o no.



-¿El cerebro de la mujer es más sensible a la belleza o necesita más información para interpretarla?



- Necesita más datos y tiempo. Incluso, a la mujer le gusta observar la belleza en ambos sexos y se preocupa más por la moda y la estética.



-Pero los hombres se ocupan cada vez más de su look...



-Sí, van a los gimnasios, visitan cirujanos, se depilan y es para gustar más a las mujeres. En los Estados Unidos, como en otras culturas, a medida que las mujeres se vuelven más independientes y adquieren más poder de decisión, los hombres compiten.



-¿A qué edad nuestro cerebro comienza a reconocer la belleza?



-Desde muy pequeños, a diferencia de lo que se piensa en general, que es a partir de la adolescencia.



-Los chicos dicen la verdad...



-Sí, pero es una verdad cultural: señalan lo primero diferente que ven en el otro.



-¿El concepto de belleza se hereda?



-A las pocas horas de nacer, un bebe prefiere mirar un rostro que cualquier otro objeto o parte del cuerpo, porque es lo que asegura su supervivencia, y a los tres días reconoce las expresiones mímicas, como las de tristeza o preocupación en el rostro de la madre. Algunos estudios demostraron que incluso a los recién nacidos les gusta mirar los rostros bonitos, que tienden a ser simétricos, pero sólo en el caso de personas que nunca antes vieron. Por sobre todo, prefieren mirar los rostros de sus padres y de conocidos a las imágenes de abstracciones.



-¿Las distintas culturas tienen distintos parámetros de belleza?



-Tendemos a ser más uniformes dentro de la misma cultura que entre distintas culturas: compartimos las normas, miramos las mismas imágenes y la apariencia suele ser similar. Pero este tema tiene gran impacto hoy en día, en el que la comunicación nos permite ver más allá y ver muchos rostros de diferentes culturas.



Apasionada por la comunicación no verbal, la doctora Etcoff admite que su "debilidad" es conocer cómo aprender del otro sin mediar la palabra y elogia la "virtud innata" de nuestro cerebro para reconocer la belleza.



"Basta con pensar cuán difícil es para una computadora reconocer un rostro entre miles -destaca-. Hay algo de milagroso en nuestra habilidad para diferenciar un rostro de otro, ya que sólo una porción de nuestro cerebro, en el lóbulo temporal, está dedicada a reconocer rostros."



La doctora Etcoff comenzó un programa de investigación sobre el bienestar general y su influencia en la salud, con temas como la apariencia y la felicidad. Sobre esto escribirá su segundo libro, que aparecerá en 2005.



-¿El bienestar general tiene que ver con la belleza?



-Creo que hay mucha equivocación en esto. En general, las personas piensan que si lucen mejor para los demás, serán más exitosas y ricas. Y esto es un mito, ya que la supermodelo puede dejar de considerarse bonita en cuanto se le quiebra una uña. No importa que los demás nos digan qué bien lucimos: la felicidad y la satisfacción con uno mismo vienen de adentro. Si nos sentimos bien, no insistimos en buscar fallas, que es lo que hacen muchas personas que no son felices.



-¿Los mitos sobre la belleza dependen de la cultura?



-Sí, y también de la historia personal y de los sentimientos. Cuando se quiere a alguien, se le dice cuán bonito es para uno.



-Si la belleza tiene que ver con nuestro interior, ¿por qué nos apegamos tanto a la moda?



-Porque muchos piensan que es la manifestación de la belleza, es decir, una cuestión social... Ellos quieren ser aceptados, parecerse a otros que lucen exitosos. Y de eso se trata la moda, aunque no necesariamente nos haga lucir mejor.



- Es habitual en adolescentes...



-Sí, es que son los más conformistas en este aspecto. Se revelan contra todo en el mundo, excepto contra sus pares. Tienen que lucir iguales y comportarse igual. De lo contrario, son dejados de lado.





jueves, 23 de septiembre de 2010

Infidelidad: ¿lo debo confesar?

Fuente: http://es.tendencias.yahoo.com/sexo-amor/infidelidad-%C2%BFlo-debo-confesar-article-m0da.html

La infidelidad es una de las causas más comunes de los problemas de una pareja. Aunque la confesión de la infidelidad puede acarrear diversas reacciones, en general se instaura un clima de sospecha. Entonces, en caso de echar una cana al aire, ¿es necesario hablarlo?

Doctissimo - lunedì 20 de set, 2010 10:00
Infidelidad: ¿lo debo confesar?
© Jupiter
No sabes qué ha pasado, ni cómo ha pasado… Pero has sido infiel a tu pareja. ¡Y no sabes si debes reconocérselo! Según ciertas revistas femeninas, “es preferible ser fiel si no eres capaz de tener el pico cerrado”. Entonces, ¿confesarlo o callarse? Según Gérard Decherf, doctor en psicología en París, las reacciones dependen de la personalidad. “Existen tres tipos de nivel de evolución de los individuos”, precisa. Cada persona reacciona de una forma u otra en función de su propio nivel de evolución.

Personalidad “narcisista”: no digas nada

“El primer nivel es el funcionamiento de tipo narcisista”, explica G. Decherf. Esta categoría afecta al individuo que, en el fondo, no ha renunciado a su estado de infancia. Desea recuperar los beneficios de la etapa infantil, caracterizada por un sentimiento de posesión absoluta. En este caso, la persona se centra sólo en sí misma. Busca sentirse segura por sus cualidades físicas e intelectuales. En este caso, la infidelidad no se dirige en contra del otro: permite, de hecho, reforzar la estima en sí mismo. En este caso, hablar con tu pareja sobre tu pequeño lío acarrea el riesgo de hacerle sufrir inútilmente. Es preferible que la persona narcisista empiece a realizar un trabajo en sí mismo para recuperar confianza.

Personalidad “genital”: sinceridad ante todo

Al contrario del funcionamiento de tipo narcisista, existen personas que se caracterizan por un funcionamiento de tipo genital, “menos marcado por la huella de la infancia”, subraya Gérard Decherf. Las parejas genitales, también denominadas “adultas”, evolucionan en una verdadera relación en la que ambos existen de la misma forma: se conocen sus necesidades y su satisfacción. La personalidad “genital” se siente respetada. En cualquier pareja, para preservar una relación de calidad, se debe tener en cuenta al otro. Y, cuando aceptamos a nuestra pareja en su totalidad, el hecho de no confesar una infidelidad puede parecer incongruente.
La sinceridad también es fundamental en el caso de aquellas personas que tienen un funcionamiento de tipo genital. Confesar una relación pasajera no pone en peligro la relación, ya que la otra persona es capaz de soportar la verdad. En cambio, una infidelidad más importante debe ser confesada con mucho tacto.

Personalidad “narcisista perversa”: decirlo todo para hacer sufrir

El tercer tipo de personalidad afecta a los individuos con un funcionamiento narcisista asociado a un funcionamiento perverso. En este caso, la infidelidad está relacionada con la propia pareja. Es la pareja quién se siente aludida. Esto se explica por el temor de perder al otro. Para intentar mantener a su pareja, se utilizan trucos parecidos al chantaje, como por ejemplo: “yo podría conocer a alguien que me hiciera más feliz”, o “si quieres que siga contigo, deberás cumplir todas mis exigencias”. La influencia caracteriza la relación. En este caso, la infidelidad no queda en silencio, sino que aparece como un arma para tener al otro y, finalmente, para hacerle sufrir.
Las tres personalidades descritas anteriormente inducen, pues, a reacciones distintas. En todos los casos, lo importante es el respeto a la pareja, lo cual suele pasar por la palabra.

martes, 14 de septiembre de 2010

Los cuatro acuerdos de Miguel Ruiz.

Los cuatro acuerdos de Miguel Ruiz.

"No hay razón para sufrir. La única razón por la que sufres es porque así tú lo exiges. La felicidad es una elección, como también lo es el sufrimiento".

Miguel Ruiz Los cuatro acuerdos.

"No hay razón para sufrir. La única razón por la que sufres es porque así tú lo exiges. Si observas tu vida encontrarás muchas excusas para sufrir, pero ninguna razón válida. Lo mismo es aplicable a la felicidad. La felicidad es una elección, como también lo es el sufrimiento". (Miguel Ruiz).

La domesticación y el sueño del planeta.

¿Son las cosas como las vemos, como las sentimos, o básicamente interpretamos lo que nos han enseñado a interpretar?
Para la milenaria cultura tolteca (México) la "realidad" que asumimos socialmente no es más que un sueño colectivo, el sueño del planeta. Desde el momento mismo de nacer, interpretamos la realidad mediante acuerdos, y así, acordamos con el mundo adulto lo que es una mesa y lo que es un vestido, pero también lo que "está bien" y lo que "está mal", e incluso quiénes somos o cuál es nuestro lugar en el mundo (en la familia, en clase, en el trabajo). A este proceso el filósofo mexicano de origen tolteca Miguel Ruiz lo denomina domesticación.
"La domesticación es tan poderosa que, en un determinado momento de nuestra vida ya no necesitamos que nadie nos domestique. No necesitamos que mamá o papá, la escuela o la iglesia nos domestiquen. Estamos tan bien entrenados que somos nuestro propio domador. Somos un animal autodomesticado".


El juez y la víctima.

En el transcurso de este aprendizaje incorporamos en nuestra propia personalidad al juez y a la víctima.
El juez representa esa tendencia en nuestra mente que nos recuerda continuamente el libro de la ley que gobierna nuestra vida -lo que está bien y lo que está mal-, nos premia y, más frecuentemente, nos castiga. La víctima es esa parte en cada persona que sufre las exigencias de su propio juez interior. Sufrimos, nos arrepentimos, nos culpabilizamos, nos custigamos por la misma causa una y otra vez, cada vez que el recuerdo nos pasa factura.
Y como consecuencia del propio sistema, el miedo se instaura en nuestra vida.

El miedo y las autoexigencias son los peores enemigos de nuestro pensamiento, y por ende, de nuestra vida. Durante el proceso de domesticación nos formamos una imagen mental de la perfección, lo cual no está mal como camino marcado a seguir. "El problema es que como no somos perfectos nos rechazamos a nosotros mismos. Y el grado de rechazo depende de lo efectivas que han sido las personas adultas para romper nuestra integridad", según M.R.

Si el libro de la ley que gobierna nuestra vida (nuestra moral, nuestra lógica, nuestro "sentido común") no cumple sus objetivos, que en su base fundamental consistiría en hacernos seres humanos felices y en armonía, es porque evidentemente éste no funciona. Y como no funciona hay que cambiarlo. Y ello lo hacemos revisando nuestros acuerdos (nuestra interpretación incuestionable, nuestro sistema de valores), desenmascarando los que no valen y sustituyéndolos por otros.

La filosofía tolteca nos propone cuatro acuerdos básicos:


1. Sé impecable con la palabra.

Las palabras poseen una gran fuerza creadora, crean mundos, realidades y, sobre todo, emociones. Las palabras son mágicas: de la nada y sin materia alguna se puede transformar lo que sea. El que la utilicemos como magia blanca o como magia negra depende de cada cual.
Con las palabras podemos salvar a alguien, hacerle sentirse bien, transmitirle nuestro apoyo, nuestro amor, nuestra admiración, nuestra aceptación, pero también podemos matar su autoestima, sus esperanzas, condenarle al fracaso, aniquilarle. Incluso con nuestra propia persona: las palabras que verbalizamos o las que pensamos nos están creando cada día. Las expresiones de queja nos convierten en víctimas; las crítica, en jueces prepotentes; un lenguaje machista nos mantienen en un mundo androcéntrico, donde el hombre es la medida y el centro de todas las cosas, y las descalificaciones autovictimistas (pobre de mí, todo lo hago mal, qué mala suerte tengo) nos derrotan de antemano.
Si somos conscientes del poder de nuestras palabras, de su enorme valor, las utilizaremos con cuidado, sabiendo que cada una de ellas está creando algo. La propuesta de Miguel Ruiz es, por tanto:
"Utiliza las palabras apropiadamente. Empléalas para compartir el amor. Usa la magia blanca empezando por ti. SÉ IMPECABLE CON LA PALABRA".

Haz siempre lo mejor que puedas.

El cuarto y último acuerdo permite que los otros tres se conviertan en hábitos profundamente arraigados: haz siempre lo máximo y lo mejor que puedas. Siendo así, pase lo que pase aceptaremos las consecuencias de buen grado. Hacerlo lo mejor posible no significa que tú y yo tengamos que hacerlo de la misma manera, ni siquiera que mi respuesta en estos momentos sea la misma que en otro que me siento cansada, o no he dormido bien, o me siento llena de amor y confianza y tremendamente generosa. Se podría decir que en cada momento de nuestra vida somos diferentes, en unas circunstancias y con unas limitaciones concretas. A veces podemos responder a lo que interpretamos como una "provocación" con una sonrisa irónica o divertida, con sentido del humor, o con una carcajada retadora, o incluso a gritos. Pero siempre podemos intentar ser impecables con la palabra, no tomárnoslo personalmente y no sacar conclusiones precipitadas... dentro de nuestras limitaciones físicas, anímicas y en general, de cada momento. Si lo intentamos, de la mejor manera que podemos, ya es suficiente.
"Verdaderamente, para triunfar en el cumplimiento de estos acuerdos necesitamos utilizar todo el poder que tenemos. De modo que, si te caes, no te juzgues. No le des a tu juez interior la satisfacción de convertirte en una víctima. Simplemente, empieza otra vez desde el principio."

Con la práctica será cada vez más fácil hasta que, sorpresa, la identificación es prácticamente completa y los cuatro acuerdos forman parte de nuestra manera de ser. Simplemente somos así.

Sin duda nuestra vida será más sencilla y satisfactoria, para nosotras mismas y para las demás personas que nos rodean.


(Sobre el libro de Miguel Ruiz, "Los cuatro acuerdos", Editorial Urano).

No hagas suposiciones.

No hagas suposiciones.

Tendemos a hacer suposiciones y a sacar conclusiones sobre todo. El problema es que al hacerlo creemos que lo que suponemos es cierto y montamos una realidad sobre ello. Y no siempre es positiva o está guiada por la confianza o el amor, sino más frecuentemente por el miedo y nuestra propia inseguridad.
Deduzco que alguien se ha enfadado conmigo porque no respondió a mi saludo al cruzarnos y mi mente organiza toda una realidad sobre eso. Y se rompen puentes entre la otra persona y yo, difíciles de salvar. Lo mismo con nuestra pareja, con la vecina, con la escuela. Creamos realidades en base a comentarios o elementos sueltos (cuando no en base a chismes malintencionados).
"La manera de evitar las suposiciones es preguntar. Asegúrate de que las cosas te queden claras... e incluso entonces, no supongas que lo sabes todo sobre esa situación en particular", insiste Miguel Ruiz. En última instancia y si te dejas guiar por la buena voluntad, siempre te queda la confianza... y la aceptación.
Nunca nada que pasa fuera es personal. Pero en cualquier caso, NO SAQUES CONCLUSIONES PRECIPITADAMENTE.

No te tomes nada personalmente.

Cada cual vive su propia película en la cual es protagonista. Cada cual afronta su propia odisea viviendo su vida y resolviendo sus conflictos y sus miserias personales. Cada cual quiere sobrevivir el sueño colectivo y ser feliz. Y cada cual lo hace lo mejor que puede dentro de sus circunstancias y sus limitaciones.
Las demás personas sólo somos figurantes en esa película que cada cual hace de su vida, o a lo sumo personajes secundarios. Si alguien me insulta por la calle (o yo lo percibo así) con casi toda seguridad no tiene nada o muy poco que ver conmigo; es simplemente su reacción a algo que está pasando fuera (un mal día con su pareja o en el trabajo, una discusión con su hija), o más probablemente dentro (preocupaciones, ansiedad, frustración, impaciencia, una gastritis o un dolor de cabeza).
La impaciencia o las exigencias de tu pareja, de la vecina del rellano o de la cajera del supermercado, las críticas de tu hijo o en el trabajo, nada de eso es personal. Cada cual está reaccionando a su propia película.

Hay mucha magia negra fuera, lo mismo que la hay dentro de ti misma, o de mí. En cualquiera, en algún momento de su vida, en algún momento del día. Todo el mundo somos "depredadores emocionales" alguna que otra vez.
"Tomarse las cosas personalmente te convierte en una presa fácil para esos depredadores, los magos negros... Te comes toda su basura emocional y la conviertes en tu propia basura. Pero si no te tomas las cosas personalmente serás inmune a todo veneno aunque te encuentres en medio del infierno", asegura Miguel Ruiz.

Comprender y asumir este acuerdo nos aporta una enorme libertad. "Cuando te acostumbres a no tomarte nada personalmente, no necesitarás depositar tu confianza en lo que hagan o digan sobre ti las demás personas. Nunca eres responsable de los actos o palabras de las demás personas, sólo de las tuyas propias. Dirás "te amo" sin miedo a que te rechacen o te ridiculicen". Siempre puedes seguir a tu corazón.
Respecto a la opinión ajena, para bien o para mal, mejor no depender de ella. Ésa es otra película. NO TE TOMES LAS COSAS PERSONALMENTE.